lunes, 1 de junio de 2015

Los jóvenes viejos, de Rodolfo Kuhn



¿Qué es ser joven? ¿Hasta dónde dura la juventud? ¿Dónde estaban los verdaderos jóvenes?


                                                                            imagen extraída de  http://i.ytimg.com/


Los jóvenes viejos recorre, casi a la manera de una road movie, un viaje emocional, de descubrimiento en la vida de tres muchachos de Buenos Aires que buscan un sentido al ocio, al espacio en que se mueven y, tal vez, al amor.


Pero el film de Kuhn piensa el papel de estos jóvenes en la sociedad, en el lugar que ocupa la opinión de la juventud en la Argentina de la época. Y no es trascendente, ese lugar. Los chicos toman el auto y escapan, salen del ritmo frenético y -para ellos- sinsentido de la metrópolis, con rumbo a la playa, al mar.


Los tres muchachos son tan distintos entre sí, como comunes son sus preocupaciones existenciales: Roberto, recio, con cierto aire desesperanzado pero dispuesto a luchar por su amor; Ricardo, con porte de dandy, dueño de un carácter impulsivo pero jovial, y Carlos Hugo, retraído, coqueteando con la ambigüedad y siempre a mitad de camino respecto a los demás (según él, por ser un muchacho muy tímido).


La playa resulta un comienzo para algunos (Roberto y Sonia), un parador pasajero para otros (Ricardo y Chiche), pero, ante tanta carencia de afectos, de posibilidades de crecer o de hacerse un lugar en esa sociedad, el amor aparece finalmente como la salvación: el amor es un rito de pasaje, a través del cual no necesariamente estos jóvenes encuentran el sentido de la vida, pero sí descubren que, quizás, el secreto de las cosas no puede buscarse adentro, sino que deben salir a encontrarlo en un camino.


Año: 1962
Dirección y guión: Rodolfo Kuhn
Elenco: Alberto Argibay, Jorge Rivera López, María Vaner, Graciela Dufau, Emilio Alfaro, Marcela López Rey
País: Argentina
Duración: 106 min

lunes, 4 de mayo de 2015

Estética de la Circularidad. Gandahar, de René Laloux




imagen extraída de wikimedia.org

Cerebros gigantes, hombres de metal, androginia, mutantes de diversas especies, plantas asesinas, rayos paralizantes...
Gandahar se presenta como una historia de ciencia ficción que admite múltiples pautas de lectura; desde un cerebro gigantesco a modo de una superpotencia que controla a las masas mediante el uso coercitivo y violento de la tecnología (representada en los hombres de metal/hombres máquina), hasta la utilización de la ciencia para fines perjudiciales a esa especie emparentada con la humana.
La película es contemporánea al desastre de Chernobyl, lo que no hace más que potenciar el relato de la novela original, actualizándose en el parecer del espectador.


En Gandahar habría cierta concepción de lo circular, de lo esférico; así, desde pasos por alcantarillas y portales con la forma de la letra omega, pasando por el mismo cerebro o bien formas esféricas u ovaladas que representarían capullos, la película acentúa la discusión de un tiempo circular, en el cual aquello que pasará será inevitable: en parte, la lucha del protagonista Sylvian es contra esta concepción, a todas luces fatalista, naturalista y condicionante.
 

Volviendo a los capullos, el tópico de la concepción está presente a lo largo de la película de Laloux. Es así que en varias ocasiones se observa a los protagonistas siendo engullidos por uno u otro objeto o ser. Son absorbidos, pero también son despedidos de esos capullos en una suerte de renacimiento (en algunos casos guarda relación con la adquisición de la sabiduría, otra constante en el film).

Éstas y otras cuestiones se entrecruzan en Gandahar, una película con tono de 'culto', de parte de un director cuyo cuerpo de trabajo ha sido propio de un auteur, retomando en esta película tópicos de otros trabajos como la presencia de los humanoides, el peligro de las máquinas y la opresión de los más débiles de parte de formas física o tecnológicamente más poderosa. En fin, Gandahar podría proponer esto de pensar -y discutir- la noción de circularidad, temporal, espacial, estética, con el posible objeto de reflejarnos a nosotros mismos en un mundo cronotópicamente distante, pero tal vez (seguramente) no tanto. No estaríamos tan lejos de Gandahar, lamentablemente.



GANDAHAR (1988)
Dirección y Adaptación: René Laloux
Diálogos: Raphael Cluzel
País: Francia
Duración: 78 min

lunes, 30 de julio de 2012

Una decisión


Siente la daga en lo profundo
de la noche
Prepárate para la tormenta que
se avecina
Es aquella la que nos trasportará
hacia mundos lejanos
Lejos de la inmundicia.
Descubriendo lo incesante
alcanzando la luna
buscaremos nuestra tierra
alzaremos armas
destruiremos recuerdos
y fundaremos una nueva esperanza
de vivir, de compartir.
Unidos, deseosos,
valientes, temerosos,
y encantados por la magra
Oscuridad.

domingo, 6 de mayo de 2012

La frase siniestra


A continuación, una reflexión sobre la publicidad de Ser, en la cual se advierte a una joven con un megáfono impartiendo consejos a las personas con las cuales se topa en la esfera pública.


Esta publicidad se inscribe en un universo capitalista globalizado, en el cual se han instalado determinadas concepciones sobre lo que hace bien al cuerpo y a la salud, siempre de acuerdo con los propósitos que persiguen las grandes empresas. Tienen como fin aparente ayudar al ser humano a hacer más placentera su vida dándole posibilidades de elección, cuando en realidad el fin verdadero que subyace es el de proporcionarle las ideas que debe pensar, coartar su libertad de pensamiento y de acción.
En la publicidad observamos una paradoja desde la primera imagen que se nos muestra, la chica que habla por el megáfono: si bien Ser pretende poseer como paradigma la libertad de elección para sentirse bien con uno mismo, la protagonista refleja el estereotipo actual de belleza femenina (rubia, delgada, ojos claros), convirtiéndose en un espejo siniestro en el cual el consumidor debería reflejarse o intentar alcanzar; desde este cuerpo se plantea la búsqueda, dirigir implícitamente la idea de cuerpo sano hacia este ideal del cuerpo. Se advierte una insistencia por recuperar la salud del cuerpo sometiéndonos, mediante las imágenes, a una sociedad alienada en base al consumo, en contraposición a la idea que involucraría un cuerpo menos sometido a ser máquina, y más tendiente a congregarse con la naturaleza. El megáfono podría pensarse como metáfora de una empresa o de voces que se imponen a otras ejerciendo coerción, induciendo a los demás a actuar de determinada manera. Darse los gustos, en función del cuerpo, quiere decir aquí consumir el producto, ocultando deliberadamente la alienación del cuerpo. Disciplinamiento del cuerpo.
El final, con la chica tomando la bebida en un espacio verde, natural, con los rayos del sol reflejándose sobre ella contrasta rotundamente, en tanto cuerpo distendido que aprovecha ese espacio, con los otros escenarios propuestos (subte, urbe) donde los cuerpos se ven sometidos a una alienación extrema, de manera que las exigencias por mantener un cuerpo sano pero reflejado en los estereotipos socio-culturales son las determinaciones que mandan. ‘Pasemos del dicho al hecho’ es la frase más desafortunada de la publicidad, y, curiosamente, funciona también como el lema del producto. Detrás de esa intención de motivarnos a actuar por voluntad propia está la idea de hacernos pensar menos, no razonar y meramente consumir, tener decisión firme a la hora de adquirir su producto. El hecho es lo que nos separa de nuestro cuerpo, lo que actualiza al cuerpo como máquina que nos transporta, como seres alienados, hacia el trabajo, hacia la búsqueda de productos para satisfacer una carencia. La libertad que nos propone el hecho, es una libertad en función del mundo laboral y mercantil, no es la libertad del cuerpo.

miércoles, 1 de febrero de 2012

Té para dos

       El timbre sonó a su puerta. Matilde se levantó sin apuro de su mecedora, dispuesta a atender el llamado. La anciana rengueaba por la reciente operación quirúrgica en su pie derecho; al llegar a la puerta, miró por el empolvado cerrojo, sonriéndose a sí misma. Abrió entonces..

-¡Es usted! Al fin, la he estado esperando. ¿Se va a quedar ahí, parada? ¡Caramba! Pase, perdone mi descortesía.

>Sabe una cosa, estuve dudando de si habíamos quedado en que usted viniera hoy, o la semana que viene, mi cabeza ya no funciona como antes.

>Uhhhh... sabe usted, en otras épocas fui una persona muy inteligente; mis allegados me consideraban alguien muy capaz, con un poder admirable para el razonamiento. Pero bueno, el tiempo ha pasado, y comprendo que ya no poseo la memoria de aquellas épocas.

>¿No se va a sentar? Siéntese, por favor. Estuve arreglando los sillones y limpiando la casa toda la bendita semana, no sabe usted cómo me duelen los huesos... bueno, supongo que lo sabe. Ah, veo, por la forma en que observa de reojo los retratos, que tiene interés en conocer a mi familia; bueno, a lo que quedó de ella... Ese hombre vestido con traje de militar es mi difunto marido, Santiago. Él participó en la guerra del 17, o del 30, no estoy segura, ya no tengo la memoria de otros tiempos.

>Esos son mis hijos. Dos de ellos, Jorge y Andrés, murieron en un accidente aéreo, mientras, supuestamente, dormían. Hubo una falla en los motores, o una bomba en los controles, ya no lo recuerdo. Tengo además una hija, Anita, que con el tiempo conoció a un rico pero modesto empresario con el cual se fueron a vivir lejos.

>Sí, sí. Ésa soy yo. Dicen que era muy bella cuando era joven, y reconozco haber tenido mis conquistas. Pero en esos tiempos no servía de nada tener ciertas conquistas, si no tenías la certeza de un seguro te espere en tu casa, y una familia a la cual sostener y refugiar bajo tus cuidados. Ya ve, como usted sabe, los tiempos han cambiado, vaya que han cambiado...

>Si me espera un segundo, voy por el té, lo tengo preparado en la cocina.

Matilde regresó con una bandeja en sus ya casi vencidas manos.

>¡Cómo pesa esta bandeja! Hace algunos años podría haber hecho malabares con ella, hoy ya no es igual. Pero oiga, no se equivoque, tengo la certeza de que soy yo.

>Sí, sí, tome de esa taza, es la suya. He guardado este té desde hace tiempo, lo tenía reservado para una ocasión especial, y qué mejor que esta...

>¿Qué es lo que está usted diciendo? Ah, sí, sí, que el té le sabe algo insípido. Bueno, no esperaba otra cosa de alguien como usted. Me imaginaba que sería alguien de un paladar exquisito.

>Ah, entiendo, la hallo apurada por cumplir con lo suyo, así que, espéreme un segundo que me preparo, y listo.

>Ha sido una buena vida, ¿no lo cree usted? Gracias por venir a tomar el té conmigo, y disfrutar de mí por al menos algunos momentos, los últimos, de mi extensa vida. ¿En serio? ¿No me está usted mintiendo? De acuerdo, voy a confiar en usted, y voy a comenzar el descanso, porque, como usted dice, este es el fin de mi vida, pero no de mi existencia...

>Vayamos, pues, no perdamos más tiempo. Estoy ya muy cansada de cargar con este montón de nervios y huesos que a esta altura son casi inútiles. Por fin dejaré de envidiar a mi marido y a mis hijos, por estar en un lugar mejor.

Fin

Para John Crowley

viernes, 21 de octubre de 2011

Las mejores escenas de terror Vol. 1

 Una selección personal de grandes escenas, algunas escalofriantes, otras mas bien interesantes. Gracias a quienes aportaron los enlaces.


1- El Exorcista (1973) (William Friedkin). 'Giro de la cabeza'

http://www.youtube.com/watch?v=bSxuXQCEC7M



2- El Proyecto Blair Witch (1999) (D. Myrick, E. Sánchez). 'Final'

http://www.youtube.com/watch?v=cMQQpmm5u3w


3- Shutter (2004) (B. Pisanthanakun, P. Wongpoom). 'En la cama'

http://www.youtube.com/watch?v=HFQku3FIffQ


4- Tiburón (1975) (Steven Spielberg). 'Apertura'

http://www.youtube.com/watch?v=HFQku3FIffQ


5- El Grito 2 (2006) (Takashi Shimizu). 'She is after me...'

http://www.youtube.com/watch?v=qLGbpGjsQdQ


6- La Profecía (1976) (Richard Donner). 'La muerte del Padre Brennan'

http://www.youtube.com/watch?v=KK-GQGBT3VE


7- Los Pájaros (1963) (Alfred Hitchcock). 'Ataque de los cuervos a estudiantes'

http://www.youtube.com/watch?v=hplpQt424Ls&feature=related


8- Ringu (El aro) (1998) (Hideo Nakata). 'Sadako sale de la pantalla'

http://www.youtube.com/watch?v=L_GQO1oWEwg


9- El Ojo (2002) (O. Pang Chun, D. Pang). 'El elevador'

http://www.youtube.com/watch?v=iRRXruBdcrY


10- La nave de la muerte (1997) (P.W.S. Anderson). 'Rescate'

http://www.youtube.com/watch?v=E2PXDPJTGCo


11- Carrie (1976) (Brian de Palma). 'Final'

http://www.youtube.com/watch?v=Puzexk19cQs&feature=related


12- It (1990) (Tommy Lee Wallace). 'La muerte de Lorian'

http://www.youtube.com/watch?v=SKIa-2s3oms&feature=related


13- El amanecer de los muertos (2004) (Zack Snyder). 'Despierta al amanecer'

http://www.youtube.com/watch?v=pv6EZGMlgX0


14- Poltergeist (1982) (Tobe Hooper). 'Payaso'

http://www.youtube.com/watch?v=56zYh57OEoc


15- Scream (1996) (Wes Craven). 'Muerte de Drew Barrymore'

http://www.youtube.com/watch?v=ulykPn5ZUVs


16- El Exorcista III (1990) (William P. Blatty). 'Nurse station'

http://www.youtube.com/watch?v=zH8ynu0jRvY


17- Martes 13 (1980) (Sean Cunningham). 'En el lago'

http://www.youtube.com/watch?v=73lYJC3b-Xk&feature=related


18- Misery (1990) (Rob Reiner). 'Atado en la cama'

http://www.youtube.com/watch?v=E55ni_xc4ww&feature=related


19- El juego del miedo 2 (2005) (Darren Bousman). 'Trampa en la cabeza'


http://www.youtube.com/watch?v=7E1c90uUtm8


20- Dracula (1992) (Francis F. Coppola). 'Ratas'

http://www.youtube.com/watch?v=gdOHNhNFSsk


21- Aracnofobia (1990) (Frank Marshall). 'En la ducha'

http://www.youtube.com/watch?v=nEsBt5QHSQk


22- La escalera de Jacob (1990) (Adrian Lyne). 'Traslado'

http://www.youtube.com/watch?v=SXXbIOc9h4g


23- Destino final 3 (2006) (James Wong). 'Cama solar'

http://www.youtube.com/watch?v=v4bnqMhmrJs


24- El resplandor (1980) (Stanley Kubrick). 'Here's Johnny!'

http://www.youtube.com/watch?v=WDpipB4yehk


25- Psicosis (1960) (Alfred Hitchcock). 'Escena de la ducha'

http://www.youtube.com/watch?v=8VP5jEAP3K4


continuará...

sábado, 8 de octubre de 2011

Día a día


Hoy puedo ver un cielo estrellado
entre nubes negras y gotas gordas
y dilucidar
un nuevo horizonte
entre tantas piedras que me han demorado.
Es mitad certeza, y un cuarto sospecha
pues al sacar la cuenta
de lo que me ha quedado
La melancolía
sola se ha marchado.
Hoy tu compañía es lo que me amarra
y en tu corazón descansa mi anhelo
porque tengo vida
porque tengo miedos
y es viviendo miedos
como te alcanzo, vida.
Si uno se pregunta como pasa el tiempo
se queda atascado;
junto a tu presencia seremos espacio
no ocupemos nada, no duremos menos.
Han quedado lejos, los días de agonía
porque las cosas siempre cambian
vos hiciste que así fuera
decidiste complacerme
y Día a día se renuevan
la esperanza de verte
y la dicha de tenerte.

martes, 21 de junio de 2011

La pregunta encerrada

¿Por qué me gustan tanto tus ojos?
¿O tus labios? Debe ser esa sonrisa

O tal vez sea el tamaño
De tus afectos,
O quizás la calidez
De tus abrazos.

Entre tanto enredo junto
Aparece la calma
Y a través de la corriente
Puedo ver tu alma.

Cada paso hacia el afuera
Una y otra tus palabras
Zigzaguean hacia mí
Envuelven mis lamentos
Olvido así que estaba
Triste y desconsolado
Y me pregunto lo que siento.

O tal vez sea lo extraño
De tu convencimiento
O quizás es que me asusta
El saber lo que quiero.

viernes, 22 de abril de 2011

Francisco

Francisco estaba sentado en su mecedora, como todas las noches; no hacía ni diez minutos que había acabado de cenar, y se disponía a realizar su rutinaria sobremesa de siempre. Pero antes de echar mano de las imágenes a elegir, se levantó y fue hacia el baño. Estando allí, se sacó los dientes postizos, los lavó y cepilló con cuidado y los depositó en una taza de porcelana amarilla que tenía a un costado del tocador. Posteriormente, volvió a la sala de estar y buscó en la mesita de luz sus anteojos. Los encontró justo junto a la lámpara que había comprado en un remate de objetos de una vieja casa estilo victoriano que llevaba muchos años desocupada.
Entonces se colocó los anteojos, no sin antes limpiarle los lentes con el borde de su camisa (con una débil bocanada de aliento apenas logró empañar los cristales). Mínimamente satisfecho, se dirigió al aparato de video y seleccionó un disco que no tenía nada impreso en su dorso. Lo insertó en el reproductor, encendió la pantalla, y regresó entonces a su mecedora. Con el control remoto hizo andar el reproductor, y tras una presentación de la temática de ese disco, apareció en pantalla un menú, por sobre un fondo bastante retozado de colores. Ese menú mencionaba sin ningún orden determinado, una lista de muchas ciudades del mundo: Londres, Nueva York, Tokio, Bruselas, Praga, El Cairo, Pekín, Río de Janeiro, etc.. La actividad que llenaba de satisfacción a Francisco, y aquello con lo cual se contentaba y hacía la digestión antes de ir a descansar, era hacer una visita guiada por aquellos lugares. Tras un breve debate mental, Francisco decidió el lugar que visitaría esa noche: París. Nada menos que la capital de Francia, ese centro que a lo largo de su vida siempre había querido visitar, pero la vida le había dado una lección, enfrentándolo con la realidad. Sin embargo, allí estaba, frente a la pantalla, con el control remoto en mano, y a segundos de enmarcarse en su aventura soñada...

A poco de comenzar el video, los ojos de Francisco empezaron a cerrarse, a pestañear, y su cabeza comenzó a dar señales de fatiga. Llegó el hombre a una edad en la cual difícilmente lograba quedarse despierto mucho tiempo al estar sentado.

La visita comenzó. Y así fue que una vista cuasi satelital comenzó a acercarse ondeando hacia la ciudad de París; desde el cielo se observaba una mezcla destellante de colores, verdes, rojos, naranjas, grises, azules, violetas, el panorama colorimétrico de la capital francesa.
Bajo una narración omnipresente, las imágenes se fueron sucediendo como partes de una polaroid: el museo del Louvre, imponente, con una calidad arquitectónica envidiable, y una vez adentro, cientos de trabajos artísticos de elevado nivel técnico... por los pasillos se respira al parecer a través de tenues bocanadas de aire, las luces en algunos lugares se vuelve sutilmente luminosa, en tanto que en varios rincones reina la semi-oscuridad... el recorrido transporta a Francisco hacia el Arco del Triunfo en la Plaza de las Estrellas: la majestuosidad de esta imagen lo hace sentir como si estuviese frente a la boca de un dragón en las cuales confluyen todos los caminos que son las doce avenidas que allí convergen; tomando una de ellas, se aventura Francisco por los Campos Elíseos, una de esas avenidas, y en su recorrido el paso de los autos, el ruido formado por las voces de las personas, las bicicletas pasando, nada se compara con la hilera de árboles que acompañan su trayecto: una vista reconfortante y de cierta seguridad para Francisco. Y qué decir de la Plaza de la Bastilla... en realidad, Francisco nunca tuvo una opinión formada sobre la revolución francesa, pero siempre se dispuso a observar los edificios y las representaciones sólo, o mas que nada, en su aspecto artístico, y evitando complicaciones ideológicas... así es que en cierta forma le pareció noble, pero a la vez le resultó indiferente. A continuación, la catedral de Notre Dame: tantas veces la había visto en imágenes y en películas, que pensó que no iba a sorprenderse, pero se equivocó. Su altura, su imponente estilo gótico sencillamente lo dejó anonadado, sin poder articular impresiones, pero es que aquí las secuencias viajaban en un radio atemporal; imposible medir las reacciones, las acciones, las visiones, para Francisco. Todo se amontonaba y a la vez se estiraba indefinidamente. Francisco volaba; no, no es cierto, pero quizás flotaba por los aires. Su conciencia parecía gravitar levemente por las calles de París. Sus pupilas de dilataron de más cuando ingresó a Monmartre: tantos mitos encerrados en un solo nombre; nombres de artistas, de cabarets, la imagen del Moulin Rouge y de un José Ferrer interpretando al desgraciado artista Toulouse-Lautrec vinieron al recuerdo. Más colores, por doquier. Edificios con grandes cúpulas a lo alto; árboles no tan coposos pero de abundantes ramas. Y la gente. Grupos de jóvenes adolescentes corriendo o caminando, conversando, comiendo, riendo, embelleciendo la ya hermosa ciudad de Paris. Más bicicletas. Y más plazas, caminos liberados, calles empedradas. Al llegar a la torre Eiffel, Francisco detuvo su pensamiento y sólo observó. Luego pensó: ‘si me viese forzado a elegir un solo sitio del cual tirarme, sin duda he aquí la elección’. Procuró no sentirse mareado por la envergadura del monumento; sintió, sin embargo, que la ciencia, los gobiernos, los mas profundos sentimientos, la vida, se le venían encima. De pronto hubo un cambio de visión, de perspectiva, para Francisco; ya no veía a la torre desde la calle, sino que ahora estaba a lo alto, en el mirador, en el punto más alto del monumento. Aprovechó entonces para echar una mirada panorámica a la ciudad de París por última vez, y luego se arrojó aliviado por la borda.

El disco llegó a su fin, y un rato después la televisión se apagó sola. El control remoto quedó apoyado sobre la mesa de luz; los dientes postizos en la taza de porcelana amarilla ubicada en el tocador del baño; los anteojos, en el suelo, a un costado de la mecedora. Y Francisco, estaba allí. Muerto. O en París. O en el aire. Pero su cuerpo, helado, nunca más volvería a viajar.


FIN

miércoles, 16 de febrero de 2011

Noche

En esta noche opaca
Un susurro se hace eco
Removiendo mis entrañas
Deshaciendo mis secretos.

En esta noche inmensa
Es muy pequeña la promesa
Y ha partido insatisfecha
La violencia que hice presa.

En esta noche silente
Se hacen trizas los momentos
Que hasta ayer eran presencia
Y han perdido sentimiento.

En esta noche amarga
Sigo en pie sobre mi alfombra
Y entre cierto y desacierto
Nos dormimos yo... y mi sombra.

martes, 15 de febrero de 2011

El Silencio

¿Escuchaste? Es el silencio,
que llamó a mi puerta, y lo dejé pasar.

Ahora soy un espectro
más perteneciente
a la larga cuenta de almas
que no pueden escapar
a la soledad.

Creo que no soy
el individuo más indicado
para emitir un juicio.

Una extensa hilera
de espectros sin destino
y sin emociones
y sin sensaciones
entran por la puerta
y entran a mi cuerpo.

Soy uno solo
y soy más que mil almas
porque mi ser se ha expandido
y ha traspasado los límites.

Daré vergüenza
tendré venganza
un tiempo corto
traerá fianza.

¿Será que soy el único
que oye el crudo silencio?

Es probable que no sea
más que un vagabundo
de almas, de recuerdos.

Una y dos y tres veces
me repito lo imposible
que no he muerto
que estoy vivo.

Más de mil roncas
voces que se asemejan
a la mía, tumultuosas,
me encierran en mi calabozo
me destrozan la memoria
devolviéndome esos viejos
dolores de mi pasado.

¿Escuchaste ese golpe
seco, suave armonizado?

Es el silencio. Sordo.
Porque no se da cuenta
De que lo estoy soportando.

Es el silencio. Sordo.
Pero no mudo.

viernes, 24 de diciembre de 2010

Posdata


David caminaba lentamente sobre la tierra. La sentía pesada, densa, apelotonada. Era imposible distinguir en el suelo algún tipo de camino. Por todas partes se erigían pequeñas elevaciones, montículos de distintos tipos de polvo. Miró a su alrededor: el panorama, además de ser desalentador, asomaba sombrío y hasta un poco tétrico. Se podían distinguir deformaciones propuestas en formas de médanos, como si fuera arenoso el suelo –y en parte lo era, quizás-, y un frío recorría su cuerpo al pensar en aquellos últimos habitantes, condenados con malformaciones a liquidar la supervivencia de la especie.

Oyendo una tenue voz, giró sobre su eje, miró a Tania, y encontró en sus ojos la misma pesadumbre que moraba adentro suyo; habían esperado una década para volver, y el panorama era peor de lo que esperaban que fuese. Difícil, pero dentro de toda lógica, estaba la causa de aquella visión: el ser humano tanto se había empeñado, que terminó por destruir su hogar, y él, después de aquel tiempo, formó parte de aquella delegación tristemente célebre que le tocó regresar a la Tierra y comprobar el penoso estado en que ésta se hallaba. Tania le devolvió esa mirada de resignación, y apoyó una mano sobre su hombro, señal de afecto después de tantos años de conocerse. Se detuvo a su lado un instante.

David lloró, y su visor se empañó levemente, pero siguió caminando, a sabiendas de que no iba a encontrar nada a salvo, nada en pie, nada con vida, de seguro.

David gimió, y Tania le dio palabras de aliento desde el radio.

David sintió ganas de volver el tiempo atrás, y cambiar las cosas. Pero supo que era el destino, que solamente una persona no podía modificar los actos de toda una seguidilla de generaciones degeneradas, que el poder y la ambición no se correspondían con el tiempo ni con el espacio, sino con la objetividad egocéntrica de una raza que quiso hacerse con la verdad sin importarle lo buena o mala, ni lo simple o compleja, ni siquiera lo necesaria e innecesaria que ella fuera.

David sintió ganas de no pensar en futuros, ni pasados. Renegó de su condición, y del hecho de que le haya tocado presenciar la debacle y la pérdida de su primer hogar, como ser humano.

David deseó ser niño otra vez. No entender de las preocupaciones.

Dio media vuelta y regresó con las otras personas que componían el rastrillaje. Tania caminó a su lado. Tropezó levemente con una piedra (que resultó ser una especie de fósil, pero al comprenderlo, no se vio afectado), y con la mirada resuelta hacia el horizonte no volvió a detenerse por ninguna sensación.


David despertó porque alguien lo estaba sacudiendo, agitándole el brazo. Con mucho cansancio abrió sus ojos, y en un primer momento pensó que su hermana lo estaba fastidiando como todas las mañanas, para quitarle minutos de sueño. Pero no era su hermana. Se trataba de Tania, su vecina, que de alguna manera había logrado entrar a su casa. David no tenía idea de la hora, pero no importaba. Porque su querida Tania estaba allí. Al costado de su cama. Algo le decía ella, y tuvo que entornarse un poco y sacarse la fiaca para entender lo que ella hablaba:

-David, ¿escribiste tu cartita?

-¿Qué cartita? –respondió David, y al instante recordó-: Ahh,, sisí, la hice. Pedí...

Pero en ese momento, David se frenó, pensó, lo pensó muy bien. Miró fijamente el arbolito de navidad que estaba en el rincón de su cuarto, titilando con lucecitas de todos los colores y con algunas bolitas rodando por el piso, y se concentró en la carta que había hecho con un pedazo de hoja canson amarilla. No llegaba a leer el contenido, pero obviamente lo recordaba: un autito de carreras que había visto en la juguetería, una pelota de fútbol (con las impresiones de sus jugadores favoritos), un videojuego de...
Sin escuchar lo que Tania le decía, se levantó pensativo de la cama y caminó hacia el arbolito; al llegar, extendió su mano y tomó la cartita que había escrito, la quitó y se quedó mirándola, hasta que sintió una voz lejana. Giró sobre sus talones. Tania le hablaba con mucha ternura. Él sólo pensaba en el contenido de la carta, con extrañeza. Hasta que su amiga posó de golpe la manita sobre su hombro. La miró y entonces, súbitamente, comprendió la causa de su extrañeza.

David le sonrió a Tania, y buscó un lápiz de color en la cartuchera de madera que tenía sobre la mesita de luz. Entonces, al encontrar su lápiz azul favorito, apoyó la carta en la mesita y escribió, debajo, en un lugarcito que le quedaba:

-Ah, Papá Noel, ya sé que te pedí mucho este año, pero no me voy a enojar si en lugar de esos juguetes, sólo por esta vez me prometés que no me voy a separar nunca de mi amiga Tania. 

David pensó entonces, satisfecho: no importa lo que pase, no sé si voy a tener siempre esta casa, pero Tania va a estar siempre conmigo.

jueves, 16 de diciembre de 2010

Queriendo


Quiero apreciar todo lo que haces
Y no lo puedo demostrar
Quiero acariciarte, que tú me abraces
Que me hagas reaccionar.

Tengo guardado tanto para dar
Y me ahoga mi inutilidad
Quiero que me sientas y que te des cuenta
Cuánto me haces desear.

Quiero que me busques, que me alcances
Que me encuentres ya
Quiero que me digas, quiero que me toques
Y que dure una eternidad.

viernes, 26 de noviembre de 2010

Música para mis oídos

El siguiente es un escrito breve que goza de varios años de antigüedad, salido de un puñado de otros extraños escritos que recuerdo con simpatía.


Soy un caso especial, pero sería estúpido decir que soy único. La música consigue que pueda imaginarme dentro de una pantalla de cine. La música de películas, en general, consigue sacar los mejores sentimientos de mi ser.

La suavidad con la que suenan las notas más altas del piano, sumados a alguna tenue lluvia de cuerdas como acompañamiento, hacen placentero un momento que, de otra manera, sería solo atractivo.

De tanto en tanto escucho esta música, para no perder la costumbre. El problema ha surgido hace ya un tiempo atrás. Escucho la música, sí, pero no hay ningún reproductor haciéndola sonar. La escucho en mi cabeza. Acompaña mis pasos, adorna las situaciones que vivo día a día. Se reproduce a sí misma con gran fidelidad, y esto contribuye a aislarme de mi contexto a medida que voy viajando de un jugar a otro.

Tengo una curiosidad, en lo cual no he pensado mucho hasta ahora.

He empezado a sentir que alguien me observa constantemente. No me malinterpreten, no se trata de un simple caso de paranoia, sino que pienso que cada uno de nosotros tenemos una especie de cámara que nos sigue de un lado a otro, al mejor estilo ‘gran hermano’ de la novela de Orwell ‘1984’... una cámara que lleva un inventario de nuestras vidas.

Reflexionando sobre ello, he sacado algo en limpio. Nos están observando, no sé si precisamente desde afuera. Nos están observando. Yo, por las dudas, hago buena letra. Yo me porto bien. Y les recomiendo a ustedes que se porten bien, que no hagan el mal, sino el bien. Que quieran a sus semejantes. Ya verán como la música comenzará a sonar en sus cabezas. No me malinterpreten. Ustedes pórtense bien. Tal vez, tal vez algún símil de San Pedro nos esté observando. Solo limítense a no cometer muchos pecados.

miércoles, 10 de noviembre de 2010

En una noche imborrable

Al terminar la deliciosa función de teatro shakesperiano, salimos del Cervantes con Melina, y aspiramos el aire de la noche en las calles. Presenciamos una gran adaptación de Sueño de una noche de verano... yo le dije que me había quedado impresionado con la puesta en escena, con la imaginación de los decoradores a la hora de recrear el ambiente; Melina, por su parte, se había quedado prendada de la protagonista, de la chica que interpretó a Helena. “Sus ojos parecen decir todo el diálogo, de verdad”. “No sé si habló o no, no recuerdo haberla escuchado... me cautivó su presencia, tan sexual, pero a la vez tan etérea...”. “Me encantaría verla interpretar a la Antígona de Sófocles”. Éstas y otras impresiones intercambiamos con mi pequeña. Digo pequeña aunque no era más baja que yo; simplemente era una especie de protección que proyectaba yo hacia ella.

La noche era placentera; había cierta ventisca, sí, pero era suave. El cielo se encontraba bastante limpio, y la gente caminaba por las calles como si fuera navidad: en ocasiones nos parece que hemos visto a la gente actuar extraño; luego llegamos a la conclusión de que se trata sólo de un efecto (y afecto, porqué no) personal: cuando tenemos lindas experiencias, el mundo se adapta a ellas y nos acoge con comodidad.

“¿No te gustaría poder volar? Digo, como experiencia... siempre hay que estar al tanto de posibles nuevas experiencias...” “Sí, es bueno poder llegar a viejo y contar a mis nietos que era una persona muy alocada y que hacía lo primero que surgía en mi mente”. “Bueno, no me refiero a ser alocado, ni a volverse loco, no se que estás entendiendo”. “Entiendo que querés llevarme a otro lugar, ¿verdad?”. “Así es, de eso hablo; de volar hacia una isla privada, que nos mantenga flotando de aquí para allá”. “Ya veo... querés demostrarme cuánto me querés... ¿es necesario tanto viaje para eso?”

Tomados de la mano, fuimos chapoteando entre burbujas inexistentes, mientras nos acercábamos a la plaza. Melina tenía la mano fría, y la mía le daba abrigo. Las manos tienen vida propia, pues ellas se encargan de hacer las cosas que a veces uno olvida. Cosas que son buenas para el otro; cosas que le recuerdan el afecto, cuando uno está perdido en divagaciones.

“Hace frío, ¿verdad?” “Mmm... yo no lo siento... sé que hay viento, pero no logro sentir el frío”.

Al llegar a la plaza, nos ubicamos en un banquito de madera y nos sentamos, abrazados. Melina me sonreía con esa sonrisa desprovista de maldad. Me gustaba llamarla ‘sonrisa de complicidad’, por el pacto de amor que nos unía. Esa noche pronunciamos aquel, nuestro pacto, la promesa de mantenernos juntos por el resto de nuestras vidas. No pasaría nada la mañana siguiente, pero esa noche supe que iba a ser eterna; los dos, juntos, inseparables, abrazados en la plaza, sin nadie alrededor, con ojos para nosotros mismos, con sentimientos para nosotros mismos...

Cuando pienso en esa noche la siento interminable. El recuerdo de haberla dejado en su casa tras acompañarla caminando hasta la puerta, es imborrable. Tomados de la mano, frenando en cada esquina sólo para besarnos, es inolvidable realmente. En e umbral de la casa de Melina, mirándonos a los ojos fijamente sin decir una sola palabra. El ‘te amo’ de la despedida, todo aquello es imborrable; perdura en mi cabeza por siempre, como así perdura el pacto que repito día tras día.

Y las palabras que ella me susurró al oído antes de abandonarme en el umbral de la puerta de su casa: “prométeme que todas las noches serán como esta noche que hemos vivido... que nuestras noches serán como un sueño de una noche de verano...”


-Muchas gracias, señor. Sí, soy el nuevo empleado. No, el gusto es mío. Adiós, hasta mañana, ¿de acuerdo?


-Ahí va nuestro mejor cliente.

-Es un buen hombre según parece.

-No sé si es un buen hombre. Pero de seguro es un hombre enamorado.

-Lo dice por...

-Así es. Este es el hombre que tiene un contrato vitalicio con nuestra empresa ‘Dreams inc.’. Viene todos los días; nunca falta. Ha programado un sueño repetitivo hace unos treinta años, y no se ha ausentado un solo día desde entonces.

-Ah, ya veo... y vencemos la distancia entre él y su amada.

-Claro. Su mujer murió cuando eran jóvenes.


FIN

jueves, 28 de octubre de 2010

A K.

Extraño tu sonrisa,
cuando mostrabas tus dientes
cuando te tapabas la boca
Cuando hacíamos gestos a lo lejos
sin palabras
cuando sólo con la mirada
reíamos cómplices del alrededor.

Extraño también tus abrazos
tan reconfortantes y
al apoyar tu cabeza en mi pecho
Cuando eran cortas las despedidas
sin palabras
cuando sabía que volvías
y eran días de simple alegría.

Extraño tus pedidos
cuando consejos necesitabas
cuando llorabas tu alma
Cuando el mundo se venía abajo
sin palabras
cuando una presencia bastaba
y siempre el tiempo nos limitaba.

Extraño lo de la iglesia
cuando cantábamos por las calles
y pasar a la salida del cole
Cuando desbordábamos el horario
sin palabras
cuando mi rutina cortabas y
el rejunte de monedas comenzaba.

Extraño tus pulseras, tus hebillas,
cuando cosías mis parches
y la bella rutina de tus llamadas
Cuando hablaba por vos la guitarra
sin palabras
y cuando la hora de irte llegaba
a una nueva canción inicio dabas.

Extraño el té, las madalenas,
hasta la tristeza de esa mañana
en que no pudiste evitar nada
Extraño el teatro, el recoleta y los recitales
sin palabras
cuando el pogo en NerdKids,
cuando nada nos terminaba.

Extraño verte, extraño amarte
cuando me decías que me amabas
y tu tierna compañia acostumbrada
Cuando nadie parecía importar
sin palabras
cuando éramos una burbuja y
pasábamos horas desafiando a la nada.

Extraño tu presencia, extraño horrores
aquellas manos, aquellas manías
me ahoga esta sensación de ida
Y esa larga caminata en V. Adelina
sin palabras
deja un recuerdo de viejo amigo
que te desea lo mejor en tu vida.

domingo, 5 de septiembre de 2010

Alma-no-en-venta

Deseamos perder el sentido
Aunque más no sea por un breve instante
Apagar la llama fulgurante
Que quema nuestro vacío.

En las tardes más solitarias
Despertamos por un sueño triste
Y pintamos tonos de grises
Sobre las cosas mas ordinarias.

A veces creemos erróneos
Que somos hacedores de pedestales
Mientras nuestras manos cristales
Pretenden lo incorpóreo.

Y admitimos que poseemos
Sólo lágrimas de vil metal
Cuando lo lógico y esencial
Es que lloramos apenas vemos.

Somos un poco pequeños
Para el traje que nos bordamos
Y de las personas que amamos
Fingimos ser sus dueños.

Y si morir ahora yo pudiera
Sería preciso no andar con vueltas
Inútil pues es ponerme en venta
No podría aunque quisiera.

sábado, 14 de agosto de 2010

Piensa en inglés

Mi amiga Victoria piensa en inglés. Ella suele dedicarle gran parte de su tiempo a la literatura, y según dice, al absorber textos originales de la lengua anglosajona sus pensamientos toman forma en ese idioma. Oh, Victoria es muy inteligente, me lo ha demostrado. Tiene la capacidad de comprender una lectura con un solo pantallazo (hoy en día es difícil hacerlo con los escritores que tenemos). Por eso traté de seguirla a todas partes, convencido de que era alguien especial, una persona con la que yo podía llegar a complementarme.

Digamos que no estaba del todo errado.

Pasaron las tardes y mis invitaciones desfilaban como modelos de pasarela, sutiles y con cierta elegancia. Hicimos lo usual y delicioso; salimos a tomar helados, a ver películas y a reírnos de las inquietudes del mundo, hasta que tuve que arruinarlo todo aquella vez.

Por supuesto, lo que sucedió fue que no pude guardar mi lugar, y eché todo por la borda. Un mediodía mientras la acompañaba a la parada del colectivo que Victoria solía tomar, la agarré del brazo y le dije que era posible que me estuviera enamorando de ella. Aunque confieso que esperaba que cuando menos Victoria se sorprendiera por mi declaración, ella lo tomó con mucha tranquilidad. Sólo se sonrojó un poco, como si fuera esa una pequeña concesión que hizo para dejarme satisfecho.

Lo que me dijo redefinió la situación en la que nos hallábamos. Sin tapujos, y mirándome fijamente a los ojos, Victoria me confesó su secreto: era una androide. Me aclaró también que era yo la primera persona -fuera de su familia- a quien le manifestaba su secreto. Yo la miraba de arriba a abajo, y realmente esperaba que reculara y me dijera que estaba bromeando. Pero no fue así. Me decía la verdad. Y yo, en el fondo de mí, comenzaba a darle forma a una idea que pronto estaría del todo desarrollada: mi había enamorado de una androide.

A partir de ese día, las cosas fueron cambiando paulatinamente. Sin embargo, no todo se desdibujó; seguimos construyendo esa relación con Victoria, en especial cuando nos besamos al salir de la facultad aquel día famoso de la lluvia torrencial (poco importaron nuestros útiles bajo ese aluvión). Más fuerte resultó aquella vez que me confesó que, aunque jamás tendría sentimientos como los míos, había llegado a sentirse ‘distinta’, cuando estaba conmigo. De por sí, ese efecto era para mí un logro.

Al final, y luego de semanas de rica armonía, Victoria tuvo que irse. Nunca entendí bien las razones de su partida, pero aquello sucedió de un día para el otro, y no me dio tiempo a ensayar una linda despedida. De golpe, me dijo ‘tengo que irme’, y al instante siguiente, yo leía sus escritos en mi cuaderno como si ella los estuviera estampando en ese mismo momento. Esos escritos, claro, tenían forma de versos y estaban en inglés. Tenía esa extraña habilidad de hacer que sus ideas y pensamientos perduraran en una hoja amarillenta.

Es raro como se dan las relaciones. En poco tiempo, pude volver a enamorarme, y tiempo después, me vi obligado a desencantarme debido a la irrebatible fuerza del destino. Buscamos al principio al ideal de alguien igual a nosotros, pero en el camino nos damos cuenta de que en realidad lo que necesitamos es a alguien totalmente distinto. Alguien a quien acoplarnos, pero que nos dé una visión completamente diferente. No obstante, he aprendido mucho de ella, me he vuelto como ella; ya lo sé, por más prótesis que pueda tener nunca voy a ser un ser mecanizado, un androide. Pero yo no hablo de eso. Me refiero a su legado; el que haya sido ese idioma es sólo algo aleatorio, a ustedes quizás -seguramente- les pase con otros códigos, pero ese fue el que me marcó a mí. Su código. Ahora, cada vez que veo una película, tacho los subtítulos; quiero tener mis propios pensamientos. Y los de ella. Tal vez sea la única forma de mantenerme conectado a su mente. Pues cada vez que miro las películas, o leo los libros, pienso en inglés.

lunes, 9 de agosto de 2010

Hoy

Hoy he sido incapaz de quererme, refugiarme y odiarte
Sin embargo vuelve, el recuerdo, en la distancia
Y se hace hondo el silencio, la amargura, y la tristeza
Se acrecienta a cada instante, y de a ratos me marea.

Mi mañana se hizo tarde, y la amargura se hizo espanto
Y en el medio del silencio, escucho gritos, pienso en llanto
Mientras en mi pecho se agolpan muchos sentidos,
Abatiendo al corazón, desordenando sus latidos.

Y en mi mente una idea gira, se deshace y vuelve a ser
Una caricia imaginaria, una esfera de terciopelo
Que envolviendo tu sonrisa y tu mirada inconquistable
Encasilla tu recuerdo en un futuro inalcanzable.